La asana más difícil es tu vida diaria

La postura representa la forma más visible de nosotros; es como nuestro sello de identidad. Ya estemos en quietud o en movimiento, nuestra estructura corporal, nuestros movimientos, nuestros gestos y las posiciones que adoptamos transmiten parte de nuestra personalidad.

Una posición puede cambiar nuestro estado de ánimo y la forma en la que nos relacionamos con lo que nos rodea, del mismo modo que el cuerpo refleja nuestros sentimientos.

¿Qué es la postura corporal?

La RAE define la postura como «Manera en la que está colocado el cuerpo o una parte del cuerpo de una persona o un animal» (física) y «Actitud que alguien adopta respecto de algún asunto» (mental). Es decir, nuestra postura es la forma en la que ocupamos el espacio y el modo en el que nos sentimos o nos relacionamos con él. Cuando nos sentimos tristes, estamos cabizbajos y nos cerramos. En cambio, cuando nuestro estado anímico es alegre, nos hacemos grandes, nos expandimos y abrimos espacio en nuestro interior, física y mentalmente.

En sánscrito, postura, se llama asana. Pero, a diferencia de la postura anterior, esta define a la que se realiza conscientemente durante una sesión de yoga, cuyo objetivo es actuar sobre el cuerpo y la mente. Deriva de la raíz «as», que quiere decir ‘asiento’, aunque muchos textos la describen como «establecerse en el estado original». O sea, en quién eres realmente.

Patanjali, autor de los Yoga Sutra, dice que asana es: «Sthiram Sukham Asanam»Sthiram significa ‘estabilidad, firmeza’ y sukham, ‘espacio o felicidad’. Todo junto indica que la práctica de asana, libera a tu cuerpo y a tu mente de las tensiones acumuladas para poder ver, sentir con claridad y disponer de un buen estado de ánimo.

Porque el cuerpo, al igual que un espejo, refleja todo nuestro mundo interno. Si te observas en él, llegarás a conocerte y descubrir tus fortalezas, tus debilidades, tus límites y tus posibilidades, ya que te habla sobre tu pasado, también te habla de tu presente y hacia dónde te diriges.

Así que, plantéate esta pregunta: ¿Cómo puede el cuerpo cambiar mi mente?

Asana y el poder de la postura correcta

¿Alguna vez has conocido a una persona tan magnética que ha acaparado toda tu atención? Eso se debe a la disposición mental que trasmite su postura. Lo puedes comprobar en muchos deportistas, cantantes o comunicadores, que adoptan determinadas poses para enviar un mensaje de poder, fuerza y seguridad.  

Por otro lado, los yoguis descubrieron hace más de dos mil años cómo las posiciones del cuerpo cambian lo que ocurre en el sistema endocrino, en el sistema nervioso autónomo y en el cerebro sin que te des cuenta. Este es el origen de los asanas: posturas físicas que generan estabilidad, firmeza y bienestar físico y mental. Por eso, cuando sales de una clase de yoga, te sientes transformado y liberado.

En otras palabras, una buena postura mejora la salud de órganos y huesos. Además, te mantiene fuerte, flexible y te permite respirar mejor. Hay una comunicación mejor y más productiva entre tus sensaciones, emociones y pensamientos.

Ten en cuenta que la forma en la que te sientas, caminas o gesticulas cambia tu química cerebral. Tu postura hace que te sientas insegura/o o llena/a de confianza, cansada/o o plena/o de vitalidad, dado que afecta a tu salud, pero también a tus emociones, pensamientos y recuerdos. En definitiva, determina si lideras los reinos de tu cuerpo y de tu mente o si ellos te gobiernan a ti.

Sin duda, una buena postura trasmite belleza, armonía y equilibrio. Pero, si no sale de forma natural, por más que te pongas recto/a no ganarás seguridad. Por eso, tal como dice Patanjali:

«Asana requiere de dos cualidades: práctica constante y desapego».

Una sesión de hatha yoga es una combinación de posturas y contraposturas que compensan la contracción y la laxitud. Por ejemplo, cuando sostienes un objeto pesado con tu brazo, el bíceps se tensa mientras el tríceps permanece relajado. Si solo repites ese movimiento y no realizas uno que realice lo contrario, se produce un desequilibrio.

Pero, como decía Patanjali, además de la dedicación, necesitas desap-ego.  Porque apegarse a los logros o a los fracasos afecta a tu postura. Los apegarse a los logros abre demasiado el pecho, tensan la nuca, elevan la barbilla y curva la zona lumbar, mientras que centrarse en los fracasos te hará lucir una prominente joroba.

De ahí que en las clases de yoga escuches con frecuencia mantras como «Menos es más» o «Esforzarse, pero no forzar», que refuerzan la idea de que en el equilibrio se encuentra el verdadero poder de la postura correcta.

¿Qué ventajas nos aporta una buena postura?

Aparte de alinear nuestro cuerpo y nuestra mente, nos aporta los siguientes beneficios:

1) Protege las articulaciones.

2) Equilibra la acción del sistema nervioso y mejora la respiración. En consecuencia, recuperamos el control de nuestros estados anímicos, dado que promueve la relajación. Es decir, disminuye el estrés y la ansiedad.

3) Mantiene la columna vertebral y los huesos sanos.

4) Equilibra el funcionamiento de los diferentes sistemas que componen el cuerpo humano.

5) Estimula el sistema circulatorio y linfático de tal modo que libera al cuerpo de toxinas y restaura la energía.

6) Mejoramos la flexibilidad, la fuerza, el equilibrio y la resistencia física.

7) Desarrollamos más la atención, la concentración y la sabiduría.

Y para terminar, te dejo esta frase del sabio Patánjali para que pienses en ella.

Se alcanza el dominio del asana cuando uno es capaz de meditar en ella

Namasté.

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